Resumen ejecutivo: muchas empresas no pierden dinero por pagar “muchos impuestos”, sino por ejecutar mal operaciones cotidianas. Cuando el pago se hace mal, el CFDI sale incompleto, el IVA se acredita sin revisar requisitos o el expediente queda débil, la empresa termina pagando dos veces: primero al proveedor y después a la autoridad.
El problema no siempre está en una estrategia fiscal fallida. Muchas veces está en la operación diaria. Y ahí es donde aparecen las contingencias: deducciones rechazadas, IVA no acreditable, diferencias contables y observaciones que pudieron evitarse con un mejor control interno.
La idea central es simple: no basta con que el gasto sea real. También debe estar correctamente pagado, facturado, registrado y soportado.
Uno de los errores más caros es pagar erogaciones deducibles en efectivo cuando el monto excede los límites legales. La Ley del ISR exige que las deducciones estén amparadas con CFDI y que los pagos cuyo monto exceda de $2,000.00 se realicen mediante transferencia, cheque nominativo, tarjeta o monedero electrónico autorizado. En combustibles para vehículos, la exigencia del medio de pago aplica incluso por montos menores.
¿Qué pasa en la práctica? El gasto existió, el proveedor sí entregó el bien o servicio, pero la forma de pago rompe el requisito formal de deducibilidad. Resultado: la empresa absorbe el costo y además pierde el beneficio fiscal.
Otro error frecuente es asumir que, porque “sí hay factura”, ya todo está bien. El CFF obliga a expedir CFDI por los actos o actividades realizados y exige que cumplan los requisitos del artículo 29-A. Eso incluye, entre otros datos, RFC, nombre o razón social, régimen fiscal, código postal del receptor, uso fiscal, fecha, lugar de expedición y folios digitales.
Un CFDI con datos erróneos, incompletos o inconsistentes puede convertirse en un problema al momento de deducir, acreditar IVA o soportar una revisión. La factura no vale por existir; vale por estar bien emitida.
El IVA no se acredita en automático. La Ley del IVA exige, entre otros requisitos, que el gasto sea estrictamente indispensable para actividades gravadas o a tasa 0%, que el impuesto haya sido trasladado expresamente y conste por separado en el comprobante fiscal, y que además haya sido efectivamente pagado en el mes de que se trate.
Este error aparece todos los días: compras mixtas, gastos parcialmente deducibles, facturas con IVA separado pero sin pago efectivo, o servicios especializados en los que no se reunió la documentación complementaria. El resultado suele ser un acreditamiento improcedente y una contingencia acumulada.
Hay empresas que sí hicieron la operación, sí pagaron y sí recibieron el servicio, pero no pueden demostrarlo de forma ordenada. El CFF obliga a conservar la contabilidad y la documentación relacionada con el cumplimiento fiscal, y también considera infracción no llevar contabilidad, registrar operaciones de forma inexacta o no conservarla a disposición de la autoridad.
En otras palabras: una operación mal soportada puede terminar pareciendo inexistente, improcedente o imposible de defender. Y cuando eso ocurre, el problema ya no es contable: es financiero.
Si diriges una empresa o asesoras negocios, conviene revisar cuatro filtros básicos cada mes: cómo se pagó, cómo se facturó, si el IVA realmente era acreditable y si la operación quedó bien soportada. Ese control cuesta menos que una corrección fiscal, una declaración complementaria o una auditoría mal enfrentada.
La diferencia entre una empresa ordenada y una empresa expuesta no siempre está en su tamaño. Muchas veces está en la disciplina con la que ejecuta lo básico.